—Con todo esto, en serio creo que vas a tener problemas legales con tus bienes más adelante.—No va a pasar —dijo Adrián, de pie junto al auto, con el celular en la oreja.—¿O ya pensaste cómo esconder el dinero?—No pienso esconder nada —suspiró Adrián—. Hugo, nos conocemos desde hace años. ¿No sabes qué clase de persona soy? No la voy a engañar. Las propiedades, el dinero... todo eso es material. De por sí ya le debo demasiado. Por mi culpa, le arruiné la vida entera a una bailarina. ¿Con cuánto dinero se paga eso? Es invaluable, Hugo.—Entonces...—Entonces, si quiere dinero, se lo doy. Lo que me pida, se lo voy a dar. Ella es mi esposa ante la ley. ¿Mi dinero no es de ambos? Eres abogado, ¡no entiendo cómo me preguntas esto!—No es eso. Es solo que... ¿qué va a pasar entonces con tu amor del pasado?—Ella... Nos conocimos cuando no teníamos nada. Para ella, los sentimientos valen más que cualquier otra cosa.—Está... bien —aceptó el abogado, tragándose el resto de sus palabras. “Se
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