La unidad de terapia intensiva de este hospital tenía paredes de cristal.Cuando llegó, se encontró con Anna, que salía de hacer una visita. Al verla, Anna se sorprendió y, tras un instante de inquietud, se acercó a preguntarle:—Olivia, ¿qué haces aquí? —Mientras hablaba, su mirada se desvió hacia la oficina del médico que quedaba detrás.Ella explicó:—Vine a ver a mi guardaespaldas y, ya que estoy aquí, quería aprovechar para preguntarle al médico cómo sigue Adrián. Además…Además, sabía que la terapia intensiva era muy cara. Cuando se divorciaron, Adrián le dio todo su dinero; después recibió la herencia de su padre y la donó, abrió una tienda y la obligaron a cerrarla, así que ni siquiera sabía cuánto le quedaba, ni si había contratado un seguro…Pensar en todo eso la angustiaba. Quería hacerse cargo de los gastos médicos. A Anna le cambió un poco la expresión.—¿Y ya encontraste al médico?Olivia negó.—Acabo de llegar. Todavía no lo he buscado.Entonces Anna las llevó, a Olivia
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