Las lágrimas de Olivia ya habían empapado la camisa de Santiago.Su primo no dejaba de consolarla; le pedía que no se afligiera y la animaba a llorar, que lo hiciera con ganas…Pero Olivia lloraba en silencio; solo corrían lágrimas por sus mejillas. Cuando por fin logró hablar, dijo:—Santiago, no estoy triste. Mira, me estoy riendo, ¿no ves? ¡Mírame!Se soltó de su abrazo, se apartó el cabello de la cara y se la mostró entera; cubierta de lágrimas, tenía una sonrisa más dolorosa que el llanto.A Santiago le dolió tanto verla así que no lo soportó más y volvió a atraerla contra su pecho.—No voy a mirar, ya no voy a mirar. Llora, ríe, suéltalo todo si quieres. Está bien, aquí estoy, aquí estoy…Y así, en brazos de Santiago, Olivia recorrió todo el camino de regreso a casa. Cuando llegó, salvo por el cabello húmedo de lágrimas y los ojos algo hinchados y rojos, no mostraba ninguna actitud. Mercedes estaba en la cocina, viendo trabajar al cocinero; Lorena aún no volvía.Olivia le dijo a
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