Adrián no lo sabía. Pero sí sabía que Olivia le tendría preparado un regalo. La tarde en que su abuela pasaba su último día hospitalizada, al salir de clases, Federico le pasó un brazo por los hombros.—Jefe, es pasado mañana. Ya tengo todo listo; apenas salgamos, voy a tu casa.—Ajá —respondió Adrián con desgano.Federico tenía en la cara una expresión de emoción, de esas de “no aguanto más, te lo tengo que contar”.—Jefe. —Se rio raro.Adrián lo miró, frío y confundido. Federico lo jaló hacia sí, bajó la voz y, emocionado, le dijo:—¡Te lo cuento, pero no me delates!—¿Qué pasa? —Adrián, distraído, seguía mirando a Leonardo, que estaba en la planta baja, junto al alcanforero.—¡Olivia! ¡El regalo que te va a dar! —Federico susurraba y gesticulaba—. ¡La vi prepararlo!Adrián apenas alzó la mirada.—… ¿Qué?—¡Una bola de cristal del firmamento! —Federico le dio un golpecito en el brazo, emocionado—. Te juro que la vi mientras la hacía. Hace dos meses, antes de que nos separaran de grup
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