—Leonardo —dijo ella, pero cuando él inclinó la cabeza y sonrió, ya no supo cómo seguir.No podía decirle que no viajara por todo el mundo más adelante, que iba a morir en el camino. Mientras dudaba, lo vio sonreír.—¿Qué? ¿Te preocupa el concurso? Tranquila. Voy contigo, te acompaño…Hasta ahí todo iba bien, pero entonces él agregó:—Y de ahora en adelante, en la universidad, en el trabajo, siempre voy a estar a tu lado.Olivia quedó en blanco. ¿Eso era una declaración? Al sol, a Leonardo se le pusieron las orejas un poco rojas.—No lo digo en ese sentido, no me malinterpretes. Quiero decir que vas a presentar el examen para la Escuela Nacional de Danza, ¿no? Yo también quiero entrar a una universidad en la capital y dedicarme al periodismo, que es lo que me gusta. Quiero trabajar en un canal de televisión de la capital o en la redacción de algún periódico. Para entonces, seríamos compañeros y estaríamos en el mismo lugar, así que podríamos cuidarnos el uno al otro, ¿no?Así, Leonardo
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