Paulina miró alrededor y solo entonces se dio cuenta de que había empeorado las cosas. En cuanto lo entendió, recurrió a su especialidad. Se le humedecieron los ojos, empezó a llorar y puso cara de víctima.—Adri… —dijo Paulina entre lágrimas—. Perdóname… Yo… tenía miedo de causarte problemas… No es que… Me daba miedo perjudicarte… Eres tan bueno, tan responsable y correcto…—Quien nada debe, nada teme. —Adrián la interrumpió y miró a los otros empleados de El Asador que, detrás de ella, seguían observando la escena—. Si quieres seguir ahí, esto no tiene por qué afectar tu trabajo.Tras decir eso, se volvió hacia Olivia y Daniela.—Vamos.—¿A dónde? —preguntó Daniela, molesta. Habían ido a comer y ni siquiera habían probado nada; seguían enojadas, ¿y se iban a ir así nada más?—A comer, ¿o no? —dijo Adrián, serio.—¿Nos vas a invitar a un banquete para disculparte? ¿Qué tan bueno va a estar? ¡A ver si me convence! —decía Daniela, aunque ya iba siguiéndolo.Sí, Daniela y Adrián siempre
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