KILLIANPasé medio mes recuperándome en el centro de curación de Silvermoon.El antídoto me salvó la vida, pero nada más.Cada día, a través de mi ventana, podía ver a Freya caminando por el jardín o corriendo en el campo de entrenamiento.Nunca se había visto tan llena de vida.Y el compañero que siempre estaba a su lado era Adrian.Esa complicidad natural entre ellos, ese respeto mutuo, era un espejo que reflejaba lo repulsivo y patético que yo había sido durante los últimos cinco años.El día que me dieron de alta ocurrió en una noche de auroras brillantes.Listones de luz verde bailaban por el cielo nocturno, con una belleza que parecía de otro mundo.Encontré a Adrian en el límite del territorio de Silvermoon.Estaba solo, de pie al borde de un acantilado, fumando; su silueta se veía alta y firme.—Peleemos.Me acerqué y me quité la chaqueta para dejar a la vista mi torso musculoso.—Un duelo de Alfas —gruñí, con la voz desgarrada por una locura final y desesperada—. El ganador se
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