Héctor había estado tan agresivo hacía apenas un momento que, conociendo su carácter, a Julieta le costaba creer que hubiera cedido con tanta facilidad.No fue hasta que lo vio entrar en la habitación que por fin logró relajarse.Bajó la mirada, tomó el bolso que había dejado sobre el sofá y regresó a la recámara principal.Entró con cuidado. Una luz cálida iluminaba la habitación y Sofía dormía profundamente en medio de la cama. De pronto, se quitó la cobija de una patada y se giró para dormir de lado.Julieta colgó el bolso detrás de la puerta, se acercó y se sentó al borde de la cama. Volvió a cubrir a Sofía y, al contemplar su carita regordeta mientras dormía, sintió que el corazón se le ablandaba.Permaneció allí un buen rato antes de levantarse e ir al baño a darse una ducha.Al día siguiente, como Sofía sabía que Héctor se iría por la mañana, se levantó especialmente temprano.Alguien llevó ropa limpia para que Héctor pudiera cambiarse y Ximena puso el desayuno sobre la mesa.
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