La mano de Jairo se detuvo con la cuchara en el aire.—No tengo mucha relación con él.Antes, por Héctor, habían coincidido algunas veces, pero fuera de eso casi nunca tenían contacto.Sin embargo, en cuanto Mariana lo mencionó, Jairo recordó de inmediato que, cuando Julieta estaba embarazada, Tomás había intentado hacerla tropezar a propósito.Al pensar en aquella escena, sus dedos se tensaron y su expresión se ensombreció.Mariana notó el cambio, pero no siguió hablando. Solo dijo con calma:—Con que tú lo tengas claro, basta.Jairo bajó la mirada y continuó comiendo.Después de un rato en silencio, Mariana preguntó de repente:—¿Está rico?—Está bien.—Déjame probar.Jairo se detuvo y apenas volteó hacia ella cuando Mariana ya había tomado la cuchara que él estaba usando, se sirvió un poco y se lo llevó a la boca.—Sí está bueno.Jairo se quedó mirándola.Mariana levantó una ceja.—¿Qué? ¿Tienes alguna enfermedad contagiosa?Jairo no respondió.Justo entonces se escuchó movimiento d
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