Sofía se acercó y miró seriamente a Héctor.—Papá, no asustes a Tigre.Héctor volteó hacia ella.—No lo estoy molestando.—Tigre, baja.Sofía extendió una mano hacia el rascador.Tigre comenzó a bajar poco a poco, todavía con cautela. Cuando llegó a una altura donde podía alcanzarlo, Sofía lo tomó entre sus brazos.Curiosamente, en brazos de ella se quedó completamente tranquilo y ni siquiera intentó soltarse.Sofía le acarició suavemente el lomo en el sentido del pelo.—Tigre, él es mi papá. No te va a hacer nada, así que no tengas miedo.Tigre poco a poco se fue relajando.Héctor dejó la varita para gatos a un lado y se agachó apoyando una rodilla en el piso.—Le caes muy bien.—Claro. Canela y Tigre también te van a querer después. Papá, acarícialo.Sin embargo, Héctor no extendió la mano.En ese momento, Julieta llamó desde el comedor:—Sofía, trae a Héctor a desayunar.Luego sirvió otra porción de avena y la puso sobre la mesa.Sofía dejó a Tigre en el piso. Héctor se levantó, l
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