Héctor besó la frente de Sofía, tomó un libro de cuentos que estaba en la mesa de noche y preguntó:—¿Qué historia quieres escuchar hoy?Sofía se recostó obedientemente junto a él, escuchándolo contar el cuento.Cuando terminó la historia, de pronto dijo:—Papá.Héctor la miró con ternura:—¿Qué pasa?Sofía lo miró y preguntó:—¿Por qué yo no tengo mamá?La mano de Héctor acarició su mejilla, mientras su mirada se volvía profunda.—Agustín y Samuel sí tienen mamá. Hoy, cuando otros niños estaban enfermos, sus mamás estaban con ellos... pero yo no tengo mamá.Mientras hablaba, sus ojos comenzaron a enrojecerse.Antes de los cuatro años, la palabra “mamá” era algo muy lejano para Sofía. Su papá, sus abuelos y bisabuelos la querían mucho, así que la existencia o ausencia de una madre no había significado nada para ella.Pero a medida que crecía y empezó a ir al jardín de niños, la figura de la madre fue volviéndose cada vez más presente en su conciencia.Comenzó a fijarse en las mamás de
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