Pero tras el impacto que provocaba Julieta, Adriana dejaba de resultar tan impresionante.En la comparación, Julieta destacaba por una madurez femenina llena de matices, como un vino tinto añejado: profunda y embriagadora.Adriana, en cambio, tenía una frescura juvenil, dulce y ligera, agradable, pero incapaz de dejar huella.El vestido de Julieta era largo, y Carlos, como todo un caballero, sostenía discretamente el borde para que no rozara el suelo.Adriana fijó la mirada en su espalda, apretando los labios, mientras escuchaba los murmullos a su alrededor.—La señorita Adriana es hermosa, pero hoy... hay alguien que la supera claramente. Si yo fuera hombre, elegiría a la otra.—Esa mujer junto al presidente Carlos... hacen una pareja perfecta. No sé cuántas más se van a desilusionar hoy.—El presidente Héctor ya tiene a la señorita Adriana, y ahora el presidente Carlos también... parece que los mejores hombres no son para nosotras.—Todavía queda Sergio de la familia Gómez... habrá q
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