Al final, Carlos retiró la mano, se dio la vuelta y subió.Cuando Irene lo vio regresar, preguntó:—¿Ya? ¿Qué hablaron?Carlos se acercó.—Que hoy la deje tranquila.Irene suspiró.—De verdad no tienes remedio. Justo cuando más necesita compañía... y tú te vas.—Mañana hablamos —respondió él.Irene se encogió de hombros, resignada.Julieta no durmió bien en toda la noche.A la mañana siguiente, al ir a la cocina por agua, sonó el timbre.Dejó el vaso y fue a abrir.—Carlos...Carlos la miró; su rostro reflejaba cansancio.—¿No descansaste?—Un poco...—Arréglate y sube a desayunar.—Está bien.No se veía muy bien.Julieta se arregló, se maquilló y salió rumbo al departamento de Carlos.—¡Julieta, ven a desayunar! Hoy Carlos se lució en la cocina —dijo Irene, animada.—Buenos días, Julieta —saludó Camila.Julieta le acarició la cabeza y se sentó a su lado. Al ver el desayuno, sonrió.—Hoy nos consintieron.Carlos no cocinaba con frecuencia, pero cuando lo hacía, lo hacía muy bien.Sirvi
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