—Sofía.Al escuchar la voz, Sofía volteó y, al ver a Celeste, se levantó y caminó hacia ella.—Abuela.Celeste se acercó, se agachó y la abrazó.Guadalupe se colocó a su lado y, con la mirada fija en la niña, comentó:—¿Así que ella es la hija de Héctor? Está muy bonita.Sofía alzó la cabeza y miró con curiosidad a la mujer desconocida frente a ella.Celeste sonrió.—Así es. Sofía, ella es doña Guadalupe.Sofía, obediente, la saludó:—Doña Guadalupe, mucho gusto.Adriana también se agachó y, con una sonrisa suave, dijo:—Tu collar está muy bonito. Luego te elijo unos más para que te combinen.Cada vez le resultaba más molesta Sofía, pero al ser la hija consentida de Héctor, si quería casarse con él, tenía que llevarse bien con la niña.Sofía la miró con un rechazo evidente. Desde que supo que había molestado a Bianca, dejó de quererla por completo.—No quiero que me regales collares.En cuanto lo dijo, el gesto de Guadalupe y Celeste cambió. La sonrisa de Adriana se tensó, volviéndos
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