La empleada respondió:—Mariana todavía no despierta.Julieta asintió, se levantó y caminó hacia el baño.Después de bañarse y arreglarse, se sintió mucho más despejada.La empleada volvió con la tableta en la mano.—Señora Julieta, el señor Héctor está haciendo una videollamada.Julieta miró la invitación que seguía apareciendo en la pantalla. Guardó silencio unos segundos, pero al final aceptó.El rostro de Héctor apareció en la pantalla.Estaba recostado en la cama, vestido con una pijama de seda. El cuello ligeramente abierto dejaba al descubierto sus clavículas y parte del pecho.Al verla, preguntó:—¿Cuánto bebiste anoche?Julieta tomó la tableta y caminó hacia el vestidor.—No fue tanto.Dejó la tableta sobre el tocador y comenzó a peinarse.Desde el otro lado de la pantalla, Héctor no apartaba la mirada de ella. Observaba su perfil de piel clara mientras el peine descendía lentamente por su largo cabello, dejando al descubierto la delicada línea de su cuello.—Entonces, ¿rec
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