—Está bien —asintió Marcos, despidiéndose con un gesto.La fiesta por fin terminó. Noelia regresó a casa con su madre y Cecilia. Como esa noche no le tocaba turno en la posada, podía quedarse a dormir con la niña, cosa que a Cecilia le encantaba.—Mami, ¿Estrellita ya es mía de veras? —preguntó Cecilia mientras se acurrucaba en la cama, todavía sin poder creer que ahora tenía un caballito blanco para ella sola.—Sí, mi vida. Estrellita ya es toda tuya. Ahora es tu responsabilidad y tienes que cuidarla muy bien, ¿eh?—Tú no te preocupes, mami. Mañana mismo voy a buscar a Miguel para que me enseñe cómo se hace —contestó la pequeña, muy decidida.—¡Qué niña tan responsable me saliste! Sé que lo vas a hacer de maravilla. Pero ahora, a dormir, ¿sí?—Está bien. Buenas noches, mami.—Buenas noches, mi cielo.Cecilia había estado con la emoción a mil durante todo el día y, en cuanto se relajó un poco, se quedó frita de inmediato. Noelia la arropó con cuidado y se quedó sentada al borde de la
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