—Te estaba esperando, yo...—¡Uaj!Antes de que Diego pudiera terminar la frase, a Marcos le dio una arcada fortísima. El sonido fue tan seco que los sobresaltó a los dos. Noelia y Diego voltearon al mismo tiempo, como jalados por un hilo. Ahí estaba, encorvado contra el poste, tapándose la boca mientras su garganta se agitaba por las arcadas. Hacía lo imposible para no terminar de vomitar."¡Lo que hay que ver!", pensó Noelia, furiosa. "Si hace un momento no se veía tan tomado, ¿a qué venía tanto circo ahora?"Estaba hasta el copete, pero con Diego ahí, no podía simplemente mandarlo a volar. Se acercó a Marcos y le preguntó:—Señor Leiva, ¿se siente bien? ¿Se le pasaron las copas? ¿Tiene ganas de vomitar?Marcos apenas soltó un "mhm" que casi no se oyó, con los hombros temblándole un poco, como si de verdad estuviera a punto de dar el espectáculo en cualquier segundo.—Me siento fatal... señorita Bustos... écheme la mano —balbuceó él, mientras se tambaleaba hacia ella.Noelia recono
Leer más