Mientras Pablo todavía intentaba retenerla, de repente, una mano grande y firme se extendió frente a Noelia.—Señora Bustos, ¿me concede el honor de bailar una pieza? —preguntó Marcos, inclinándose un poco.En su mirada, sin embargo, había una firmeza que no admitía rechazo. Noelia no sabía qué pretendía esta vez; el corazón se le tensó y dio, por instinto, medio paso atrás.—Perdón, mi pie...No había terminado de hablar cuando Pablo la empujó despacio, disimuladamente, para encaminarla hacia Marcos.—Esposa, que el señor Leiva te invite a bailar es un honor. ¿Qué esperas para aceptar?Con una sonrisa burlona, Marcos observaba a Pablo. Luego, dio un paso al frente, le tomó la muñeca a Noelia y la llevó directamente a la pista. Sus pasos fluían al ritmo de la música. Marcos rodeó con firmeza la cintura de Noelia, mientras le agarraba la mano. Sus cuerpos quedaron tan juntos que no quedó ni un resquicio entre ellos.En un lugar tan público, estar así de cerca de Marcos la hacía sentirse
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