Marcos no dejaba de echar cosas al carrito, y Noelia, cuando lo vio, sintió que todo resultaba demasiado engañoso.Eso no parecía en absoluto un trato; se parecía mucho más a una pareja normal preparando su vida juntos.Mientras pensaba en eso, volvió a mirar a Marcos de perfil y, bajo la luz del supermercado, hasta esas líneas marcadas de su cara parecían haberse relajado un poco.Los dos caminaron uno detrás del otro hasta llegar a la estantería de productos sexuales.Como se trataba de un acuerdo, los preservativos eran cosa obligada.A Noelia se le calentó la cara.Cuando se aseguró de que no había nadie cerca, miró las cajas alineadas, agarró una al azar y estuvo a punto de meterla al carrito.—Espera.Marcos le agarró la mano, se colocó detrás de ella y, pegado a su oído, le dijo:—Esos son, primero, muy pequeños, y, segundo, muy poquitos.A Noelia le estalló la cabeza; se le enrojecieron las mejillas al instante y hasta las orejas se le pusieron rojas.Marcos pareció complacido
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