MasukLa noche transcurría en un silencio absoluto.Al principio, Marcos pensó en acomodarla en la cama matrimonial, pero al ver que todavía tenía el cabello empapado, prefirió llevarla al sofá para evitar que se resfriara. Con tal de no despertar a Cecilia, cerró la puerta de la habitación con sigilo y se dispuso a secarle el cabello.Se notaba que el alcohol le había pegado fuerte, porque Noelia ni siquiera se inmutó con el ruido de la secadora.Estaba totalmente rendida. Su rostro, ahora sin una gota de maquillaje y completamente vulnerable, reposaba sobre el regazo de Marcos, mientras su melena se esparcía sobre los pantalones de vestir de él. Los dedos de Marcos se deslizaban entre los mechones suaves, sintiendo una confusión que le oprimía el pecho.¿De verdad la odiaba tanto como se decía a sí mismo? Al ver el rastro de las lágrimas en sus mejillas, ese rencor que lo había consumido por años parecía estarse evaporando con el calor del aire, volviéndose algo borroso. Pero perdonar n
Noelia soltó una risita juguetona al verlo tan callado.—El que calla otorga... si no me dices nada, te voy a dar un beso.Marcos no tuvo ni tiempo de reaccionar. Noelia se puso de puntitas y, con una mezcla de timidez y audacia, posó sus labios sobre su mandíbula tensa.Primero fue apenas un roce, suave como el aleteo de una mariposa. Luego, un segundo beso se deslizó buscando la comisura de su boca, y un tercero aterrizó finalmente sobre sus labios delgados, que él mantenía apretados con fuerza. Ella intentaba que él cediera, buscando con la punta de su lengua abrir sus labios.Eran besos suaves, cortos y un tanto torpes, pero bastaron para nublarle el juicio. Esa calidez, su aliento dulce y ese aroma a limpio se le metían por los poros, recorriéndole las venas hasta llegar a lo más profundo de su pecho, consumiendo la poca cordura que le quedaba.Marcos cerró los ojos y, justo cuando sentía que iba a perder el control, la apartó.—¡No hagas esto! —exclamó con la voz completamente r
Marcos salió del baño con la espalda tensa. Se detuvo frente al gran ventanal, con la mirada perdida en la noche helada y brillante de la ciudad. Sin embargo, no lograba enfocarse en nada. Sus sentidos estaban completamente pendientes del sonido del agua que se filtraba tras la puerta.No le hacía falta verla para saber exactamente cómo se veía ella en la tina. Los recuerdos de su antigua intimidad le jugaban en contra, proyectando imágenes que lo atormentaban. Sacó una botella de agua mineral helada del refrigerador y se la tomó casi de un jalón. Pero fue inútil: esa ráfaga de frío no bastaba para calmar la agitación que sentía por dentro.El perfume de Noelia y la suavidad de su cuerpo cuando la cargó se le habían quedado a flor de piel, como una marca imposible de borrar. Por más que quisiera negarlo, no tenía más remedio que reconocer ese deseo posesivo y el anhelo que lo estaba consumiendo.Pero no podía. No debía...Marcos apretó los puños, tratando de controlar su respiració
En cuanto Marcos la puso en el suelo, Noelia caminó dando tumbos hacia la cama. Se apoyó en la orilla y se inclinó para dejarle un beso en la mejilla a su hija. Cecilia, sintiendo las cosquillas entre sueños, se dio media vuelta y volvió a quedarse profundamente dormida.—Mi vida... —balbuceó Noelia. Se quedó ahí medio recostada, siguiendo con el dedo la silueta de la cara de Cecilia en el aire, con la mirada perdida por el alcohol.Marcos se acercó y le preguntó:—¿Dónde dejaste tu tarjeta?—Está en la funda del celular —respondió ella, pasándole el celular con movimientos torpes.Marcos quitó la funda, sacó la tarjeta y sentenció:—Espera un momento, voy por tu maleta.Noelia no dijo nada. Se quedó sentada al borde del colchón, contemplando a su hija. A Marcos no le tomó ni dos minutos volver con el equipaje.—Cámbiate y vete a dormir —ordenó Marcos.—No quiero... —ella se puso de pie haciendo un esfuerzo por no caerse y se encaminó al baño—. Quiero... meterme a la tina.Marcos se f
Al tipo ni por aquí le pasaba que hubiera cámaras en el pasillo. En cuanto se dio cuenta de que su acoso hacia Noelia había quedado grabado, se quedó frío. Al fin y al cabo, Marcos no dependía de las redes sociales para vivir, pero él sí las necesitaba hasta para respirar.—Yo... la regué... perdón... —balbuceó el tipo, pálido.—¿Y de verdad crees que tus seguidores van a ser tan comprensivos? —soltó Marcos con desprecio.Tras decir esto, lo apartó de un empujón, se dio la vuelta y agarró a Noelia con firmeza por la muñeca.—Nos vamos —sentenció.Noelia sentía que todo le daba vueltas. Además, por el susto de hace un momento, sentía las piernas de trapo. Caminaba con dificultad y le era imposible seguirle el paso a Marcos.—¿Estás tomada? —preguntó él, clavándole la mirada.—Sí...—¿Mucho?—No tanto... —susurró ella, aunque apenas podía articular palabra.Marcos arrugó la frente. Si no había tomado tanto, ¿cómo era posible que ni siquiera pudiera sostenerse? Sin decir más, pasó su b
Puso como pretexto ir al baño para salir del salón y tomar un poco de aire. Pero en cuanto puso un pie en el pasillo, sintió que alguien le seguía los pasos.—Señorita Bustos.Noelia se dio la vuelta y reconoció al hombre que le había tocado al lado en la ceremonia. Tenía media cabeza con rastas, un traje que le quedaba demasiado grande y un montón de accesorios de plata que tintineaban a cada paso. Según decían, era un blogger de música.—¿Se le ofrece algo? —preguntó Noelia con cortesía, aunque el tipo no le daba buena espina.—Muchas felicidades por el premio. Se ve que es joven, tiene talento y que va a llegar muy lejos —soltó el hombre con un exceso de confianza. Su mirada pegajosa la recorría sin pudor, desde sus mejillas encendidas por el alcohol hasta el cuello, haciéndola sentir invadida y muy incómoda.Noelia se acomodó el chal, le dio las gracias con frialdad e intentó seguir su camino.—Señorita Bustos, espere, no se me vaya tan rápido —el hombre la siguió de cerca—. Deb
Durante el mes siguiente, a Noelia le fue muy bien en su trabajo en el club de golf. Cuando Rosa supo que trabajaba en el Club Internacional de Golf Montealto, fue de una vez a sacar una membresía con Noelia. No solo fue ella: llevó también a varias amigas adineradas.Ese mes, solo en comisiones, No
—Alejandro, primero, gracias por el halago; segundo, es cierto que el señor Montes me consiguió el trabajo aquí, pero entre él y yo no hay nada de lo que te imaginas; y, por último, si estoy aquí es porque tengo talento de verdad.—¿Talento de verdad? Hablas muy segura. ¿Te atreves a competir conmig
Noelia se dio una vuelta por la planta baja del hospital. Cuando regresó, Rodrigo ya se había ido.—Julieta, ¿qué hay entre tú y el profesor Lozano?Preguntó, curiosa.—Me gusta. Pero yo a él no.—¿No le gustas?A Noelia no le pareció eso. La forma en que Rodrigo había mirado a Julieta parecía escon
La sala estaba a oscuras; solo había una lámpara de pie prendida en la esquina. Marcos estaba sentado en el sofá. Con esa poca luz, aunque se le veía la cara seria, en los ojos se le notaba que estaba aguantándose la rabia.—Al final, ¿eres entrenadora de golf o de cartas? —preguntó, con un tono car