—Marcos, ¿de verdad ella es la empleada que contrataste para cocinar? —Patricia volteó para que él se lo confirmara.—Pues sí, ¿no? —Marcos se molestó—. ¿Qué sentido tendría venir a trabajar de gratis?Noelia se puso tensa.Gracias, el dardo iba con nombre y apellido.—¿Qué estás mirando? ¿Por qué no cocinas de una vez? —dijo Marcos, impaciente.Ya que le gustaba tanto hacer el papel de empleada, que lo hiciera bien.—Sí, señor Leiva.Noelia volvió a la isla y empezó a picar verduras.En la sala, Patricia seguía dudando de quién era Noelia y, con indirectas, intentó sacarle información a Marcos. —Es alguien sin importancia. ¿Para qué preguntas tanto? —él se cansó rápido.—Está bien, está bien, no pregunto más —Patricia pareció calmarse y volvió a hablar, ahora con voz dulce—. Te traje regalos de mi viaje, a ver si te gustan.Desde fuera se escuchó el ruido de una maleta abriéndose y de paquetes que sacaban.El cuchillo de Noelia golpeaba la tabla de picar, con un ritmo constante.Sí,
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