Los días se volvieron tranquilos y rutinarios tras el traslado de Marcos a una habitación general. Noelia se la pasaba en el cuarto cuidándolo día y noche: le daba de comer, lo aseaba, lo acompañaba platicando de todo y, cuando el cansancio la vencía, se acomodaba a dormir un rato en el sofá.Por lo general, ella era de mal dormir, pero curiosamente en la habitación de Marcos lograba conciliar el sueño profundo.Sin embargo, en cuanto cerraba los ojos, la maldita escena del almacén regresaba para acecharla.La oscuridad, la humedad, el olor penetrante a sangre.A su alrededor se materializaban rostros de pesadilla. Aquellos hombres corpulentos la rodeaban y las armas que traían brillaban de forma amenazante bajo la luz opaca. Ella corría con todas sus fuerzas y, a sus espaldas, el estruendo de un disparo desgarraba el aire. El fuego brotaba del cañón y una silueta conocida se lanzaba para interponerse. La bala le atravesaba el cuerpo y la sangre salpicaba la cara de ella, cálida, es
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