Durante los dos años anteriores, sin importar a dónde fuera Leandro, a quién viera, a qué hora regresara o si pasaba la noche fuera, ella nunca se había preocupado. Ella era la que había cambiado. Se había enamorado de Leandro... se había enamorado de un hombre que guardaba un gran amor del pasado en su corazón. Eso era lo verdaderamente temible.Alicia no dejaba de dar vueltas en la cama, se sentaba y volvía a acostarse, incapaz de encontrar paz.Se sentaba, volvía a acostarse y no encontraba paz. Al final, se levantó para apagar todas las luces, intentando callar sus propios pensamientos. Se envolvió en la cobija, cerró los ojos y se obligó a dormir.Casi en el mismo instante en que cerró los ojos, abajo se escuchó el sonido de la cerradura electrónica. Fue un ruido muy leve, pero entró con claridad en sus oídos. Su cuerpo se tensó de inmediato y contuvo la respiración por puro instinto.En el pasillo se escucharon esos pasos tan conocidos y, muy pronto, la puerta de la recámara
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