—Abuela, en realidad yo...—Ah, por cierto, mi vida, ¡también te traje muchísimos suplementos! —Lucía la interrumpió con una gran sonrisa, dándose la vuelta para tomar una bolsa grande que había dejado cerca.Dentro de la bolsa había varias cajas de regalo muy elegantes. Lucía fue sacando los empaques uno por uno y los acomodó sobre la mesa.—Mira nada más, mi vida, la abuela te trajo puras cosas buenas: colágeno, vitaminas prenatales y omega-3 de la mejor calidad. Todo esto es buenísimo para ti y para el bebé. Tienes que acordarte de tomártelos diario, que no te dé flojera. Si te mantienes fuerte, el bebé va a nacer bien sano. Tampoco te presiones, ya sea niño o niña, a todos nos va a dar una alegría inmensa.—Abuela...—Ah, y esto de aquí es ácido fólico importado. Como fue un embarazo de imprevisto, me imagino que todavía no lo estás tomando, ¿verdad? —Lucía sacó dos frascos de la bolsa—. Ayer fui al hospital a propósito para consultarlo con el doctor. Me explicó que el ácido fólico
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