Era tan tierna que conmovía.—¿Te dolió pegarme?Rafael sonrió con resignación y sopló sobre el dorso de su mano, mientras le acariciaba con el pulgar la piel enrojecida.Vanessa se sintió conmovida y lo miró con ternura.—Bianca y yo somos mejores amigas desde hace años. Siempre me ayudó y me protegió; aunque no llevamos la misma sangre, después de tanto tiempo somos más que hermanas. Además, no le fue fácil llegar a donde está hoy. No voy a permitir que nadie destruya todo lo que tiene. Ni siquiera sus padres.Rafael levantó la mirada y la contempló con admiración, como si no esperara menos de ella.—Nunca cambias, muchacha.Seguía siendo igual de apasionada y leal, como un pequeño sol que iluminaba y abrigaba a quienes la rodeaban. Le encantaba justamente esa faceta suya, decidida, justiciera, radiante y cálida.Vanessa recordó que él se lo había dicho ya varias veces. Al pensar que llevaba cinco años enamorado de ella, sintió curiosidad.—Rafael, ¿cómo me veías antes? ¿Como una peq
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