Vanessa se quedó paralizada. Abrió la boca, pero no pudo ni hablar.Sentía una vergüenza insoportable. ¿Cómo diablos se lo había venido a encontrar ahí?En ese momento, Bianca perdió el equilibrio y estuvo a punto de caerse. Al tambalearse, tiró un vaso de la mesa que se hizo añicos contra el piso.—¡Cuidado! —exclamó Vanessa.Al escuchar el estruendo, se apresuró a sostenerla. Una vez que la estabilizó, miró a Rafael.—Si te digo que todo esto es un malentendido, ¿me creerías? —le preguntó.—Nena, elige a ese, al número dieciocho... —murmuró Bianca.Tenía la cara roja por la borrachera y señalaba al azar en una dirección. Parecía que su intención original era señalar al modelo de hace un momento, pero su dedo terminó apuntando a Rafael.—El dieciocho está muy bien, es de buena suerte. Dieciocho añitos, dieciocho... —Con ambas manos, Bianca hizo un gesto para indicar un tamaño bastante generoso. Sin duda, estaba perdidamente ebria.Vanessa se apresuró a bajarle las manos, apretando lo
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