—Abuelo.Vanessa palideció mientras le temblaban los párpados. Rafael, en cambio, comprendió la intención de Roberto y sonrió. Roberto mantuvo una actitud severa, pero de pronto se echó a reír:—Bueno, ya. Mira cómo te asustaste. Si en serio los separara, te la pasarías llorando todos los días, ¿no?Vanessa comprendió entonces que su abuelo solo estaba jugando.—Ahora hasta tú sabes cómo tomarme el pelo.Fingió estar molesta, aunque por dentro estaba encantada. Era el mejor desenlace: lo ocurrido con su padre no había alterado a su abuelo y, al menos, su salud estaba fuera de peligro.Roberto ya se había calmado. Antes de ir a la empresa, se encontró por casualidad con las noticias y le exigió al mayordomo que le contara qué había ocurrido. Al enterarse de toda la verdad, quedó conmocionado.Nora hizo un escándalo en la empresa; durante el trayecto, Roberto seguía furioso.Sin embargo, al llegar y recordar todo lo que había soportado su nieta, sintió una inmensa compasión por ella. Ya
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