Rafael lo miró indiferente, sin darle importancia a su resistencia.—No me importa si tú y yo somos padre e hijo. Este regalo es solo para ti. Si no me crees, puedes hacerte otra prueba.Rafael se acomodó el traje, apartó la vista, dio media vuelta y se fue. Édgar quiso decir su nombre, pero un dolor intenso se lo impidió. Se llevó una mano al pecho. Tenía la garganta tan cerrada que no pudo pronunciar palabra.Algo parecía escapársele sin que pudiera detenerlo.Al salir Rafael, Vanessa se acercó enseguida. Miró hacia la sala de juntas detrás de él y, a través de la puerta que estaba por cerrarse, alcanzó a ver la cara pálida de Édgar.—Rafa, ¿solucionaste todo?Rafael le dio unas palmaditas en el brazo y apenas sonrió.—Tranquila, todo ya está bien.Antonio llevaba un rato esperando afuera, apoyado en el bastón. La intensidad de lo ocurrido momentos antes lo había dejado algo cansado.—Rafael, llévame a casa.—Bueno.—Abuelo, Rafa y yo te acompañaremos a casa —se ofreció Vanessa. Su e
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