Cada plato estaba lleno de taquitos humeantes que a Vanessa le encantaban. Lengua de res, chicharrón y, por supuesto, papa... Bastaba con percibir aquel aroma intenso para que se le hiciera agua la boca.Antes, esa comida era la favorita de Bianca. Vanessa creció rodeada de lujos y cuidados. ¿Cómo iba a haber probado algo así? Pero, al ver cuánto le gustaba a Bianca, no quiso hacerle sentir que pertenecían a mundos distintos, así que se obligó a probarla con ella.Nunca imaginó que unos ingredientes tan sencillos pudieran saber tan bien. Desde entonces, se aficionó a ellos sin remedio. Bianca también era una amiga leal.La acompañaba a restaurantes finos y locales de lujo. La diferencia social nunca le causó inseguridad ni despertó envidia en ella.Con el tiempo, cada una incorporó las costumbres de la otra a su propia vida.—Prueba.Vanessa tomó el taco de lengua, lo mojó en la salsa y se lo acercó a la boca de Rafael.Rafael frunció apenas el ceño. El olor no le resultó desagradable,
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