Bajo la luz plateada de la luna, su cuerpo parecía esculpido en piedra. Trabajaba solo, clavando la pala en la tierra con movimientos firmes y rítmicos; el sudor le brillaba en la frente y le corría por el cuello. Su camiseta gris se ceñía a su pecho, marcando líneas musculares que delataban fuerza y disciplina. Había en él una dureza indomable, algo que no encajaba en aquel lugar de silencio y oración.Clara se detuvo, con el corazón acelerado, sintiendo que le temblaban las piernas. Una parte de ella quería retroceder, correr de vuelta a su habitación y esconderse bajo el crucifijo. Pero sus pies, obstinados, avanzaron solos, guiados por una fuerza oscura que no se atrevía a nombrar.—No deberías estar aquí, hermana —dijo Gabriel sin alzar la vista, su voz grave sonando como un trueno lejano que rompe el silencio antes de una tormenta.Clava la pala en la tierra, se enderezó y se secó el sudor de las palmas de las manos en los pantalones. Solo entonces la miró.Sus ojos —de un mar
Last Updated : 2026-08-19 Read more