Clare despertó con el calor del cuerpo de Pedro pegado al suyo. Él dormía profundamente, uno de los brazos sobre su cintura, el rostro vuelto hacia su cuello, como si buscara refugio en su olor. Ella lo observó durante largos minutos, en silencio.Parecía tan… en paz. Fuerte y vulnerable al mismo tiempo. Las pestañas oscuras, la barba desaliñada, el pecho subiendo y bajando con suavidad. Clare sentía el peso de lo que estaban construyendo —y el miedo comenzaba a filtrarse por las grietas de su pecho como una niebla fría.Se movió despacio, intentando salir de la cama sin despertarlo. Pero Pedro, incluso dormido, sujetó su cadera con más fuerza, murmurando algo que sonaba a protesta.— Tranquila, cariño… —la voz salió ronca, arrastrada—. ¿A dónde vas?— Café —dijo ella, sonriendo levemente—. Antes de que el calor nos mate.Él abrió un ojo, perezoso.— Siempre que sea contigo desnuda.Ella puso los ojos en blanco, pero no lo negó.Minutos después, ambos estaban en la terraza, desnudos b
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