Amara despertó con el suave zumbido de la lluvia contra su ventana, ese tipo de lluvia que sonaba como si no quisiera caer, solo susurrar.La habitación estaba tenue, pero en paz. Sus plantas se inclinaban hacia la luz débil, sus hojas salpicadas de gotitas.Se había acostumbrado al silencio. Al principio fue extraño: despertar sin pasos, sin el murmullo de alguien moviéndose en la cocina, sin el peso de un segundo cepillo de dientes apoyado junto al suyo. Pero ahora, el silencio se sentía merecido. Como una pequeña libertad por la que había luchado.El mundo afuera de su apartamento latía con vida distante: autos pasando, vendedores gritando, niños riendo en algún punto de la calle. Pero adentro, todo estaba quieto.Preparó té —jengibre y miel— y se apoyó en la encimera, observando el vapor elevarse. Era simbólico, de alguna manera. Que algo pudiera empezar hirviendo, salvaje y ruidoso, y aun así terminar en una liberación tranquila.Habían pasado semanas desde el encuentro en el caf
Last Updated : 2026-04-08 Read more