Luego, sin previo aviso, Viviana fue envuelta en un abrazo cálido.Unos labios ardientes rozaron su lóbulo con intención, arrancándole un estremecimiento.Fabio susurró junto a su oído, soplando suavemente:—¿Vamos a bañarnos?El cuerpo de Viviana reaccionó por instinto. Siempre había sido así: bastaba que él se acercara y ella cedía, complaciéndolo en todo, dejándose llevar.Pero ahora su cuerpo ya no resistía nada.Aunque un temblor involuntario la recorrió, lo apartó con firmeza.—Estoy cansada. Quiero descansar. Después de ver a Regina, no tengo ánimo para eso.Las palabras apagaron de golpe el deseo en los ojos de Fabio.Contuvo el impulso, retiró las manos.—Descansa entonces.Apenas él salió, Viviana cerró la puerta con llave sin perder un segundo.Fabio permaneció en el pasillo, mirando la puerta cerrada. Tardó en irse.A la mañana siguiente, cuando Viviana bajó, encontró sobre la mesa un ramo de rosas de siete colores, sus favoritas.Desde la cocina llegaba aroma a pan tostad
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