Alicia lo recordó.El hombre que, en el elevador del hotel, le había pedido que presionara el botón del piso.Aquel día, temiendo que alguien notara la marca en su rostro, había bajado la cabeza y dejado caer el cabello para cubrirse. También había evitado levantar la vista.En el reflejo apenas distinguió unos zapatos de suela roja y una silueta alta y esbelta. No alcanzó a ver su rostro.Resultó ser Gabriel.Los tres se sentaron en la cafetería.Alicia permanecía erguida, sin sumisión ni arrogancia, sosteniendo la mirada de Gabriel con calma.Él la observaba con una leve sonrisa, cargada de significado.—¿Ya lo recordaste? —volvió a preguntar.Alicia asintió:—Sí. Gracias por aquella vez.Cristina se inclinó sobre la mesa, mirando a uno y a otro:—¿De qué hablan? Oye, guapa, ¿qué recordaste?Alicia no estaba acostumbrada a que la llamaran así. Pero al ver los ojos brillantes de Cristina, no supo qué responder.Natalia hablaba sin parar y siempre le parecía ruidosa.Cristina, en ca
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