La tarde caía sobre la mansión como una cortina de luz naranja. La señora había salido a la farmacia, el señor dormía una siesta en su habitación, y la casa estaba en un silencio que parecía esperar algo. Lenna estaba en la sala, ordenando los cojines del sofá, cuando Anika bajó las escaleras. La vio aparecer con su bata blanca, el cabello suelto, los pies descalzos. Ya no se molestaba en fingir debilidad. No con Lenna. Solo con Thomas.Anika caminó hacia ella con pasos lentos, calculados. Se detuvo a un metro de distancia, con los brazos cruzados, una sonrisa que no llegaba a sus ojos.—¿Y ahora qué vas a hacer? —dijo, con una voz que ya no era la de una enferma—. ¿Te vas a quedar sin tu marido? Porque sí, Lenna. Es mío. Desde antes de que tú aparecieras. Desde antes de que te casaras con él. Siempre fue mío.Lenna dejó el cojín sobre el sofá. Se giró lentamente. La miró.—No es tuyo. Nunca lo fue.—¿Ah, no? —Anika soltó una risa que sonó a vidrio roto—. Entonces, ¿por qué está conmi
Last Updated : 2026-03-31 Read more