Así, sentados en silencio, desayunaron juntos. Como si volvieran cinco años atrás, cuando vivían juntos.Ricardo se encargaba de cocinar, lavar platos, limpiar.Cualquier tarea pesada o que dañara las manos, era él quien la hacía.Ella solo metía la ropa sucia a la lavadora, la tendía, la doblaba o sacaba la basura.Unas cosas livianas.A veces no quería hacer nada. Con solo una queja mimosa, Ricardo lo hacía todo.Pero ahora, las cosas habían cambiado.Aunque pudieran sentarse a desayunar juntos, su estado de ánimo y su relación eran distintos.Ricardo terminó primero. Se limpió la boca, dejó el tenedor y la esperó en silencio. Su mirada inescrutable se posó en ella.Juliana sintió su mirada, pero no se atrevió a mirarlo directamente.Terminó rápido. Se dispuso a recoger los platos.—Déjalos —dijo Ricardo con voz leve.Juliana dejó los platos.—Gracias por dejarme quedarme anoche. El tifón ya pasó, me voy.—Afuera está inundado.—No es muy profundo.—¿Caminar de vuelta?—Revisé,
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