El auto negro se detuvo frente al edificio de Eloise. El cielo comenzaba a teñirse de tonos lilas y dorados, y la ciudad parecía respirar más despacio.Augusto apagó el motor y, sin dudarlo, bajó primero.— No hace falta, Augusto —dijo Eloise, desabrochándose el cinturón de seguridad—. Ya me has traído hasta aquí, no quiero molestarte.Él rodeó el auto y abrió la puerta para ella, con la mirada firme y la voz serena:— Eloise, tú nunca eres una molestia.Hizo una breve pausa, ahora con un tono más suave.— Y me siento mejor sabiendo que estás segura, en casa, que caminando sola por ahí.Eloise respiró profundamente, intentando disimular la sonrisa que amenazaba con escapar.— Exageras… pero gracias.Augusto no respondió. Simplemente permaneció allí, apoyado contra el lateral del auto, observándola mientras caminaba hacia la entrada del edificio.Eloise se giró antes de entrar y, durante un instante, sus miradas se encontraron.Un gesto silencioso que decía más que cualquier palabra.S
Última actualización : 2026-09-12 Leer más