La sala ahora parecía sacada de un sueño: luz, risas y perfumes mezclados en un mismo suspiro. Las luces suaves se reflejaban en las paredes blancas y una mesa bellamente decorada ocupaba el centro del espacio: copas, dulces, pasteles y una botella de espumoso que Thiago insistía en intentar abrir antes de tiempo. Augusto rodeó la cintura de Eloise con un brazo, todavía sonriendo, como si el corazón no le cupiera en el pecho. Miró a su alrededor y, con voz suave, dijo: — Si después quieres cambiar algo, hazlo con toda libertad. Esta casa es tuya, mi amor. Eloise lo miró, emocionada. — Nuestra casa —lo corrigió con una sonrisa tierna. Las chicas se acercaron, emocionadas, riendo y llorando, todo al mismo tiempo. Cláudia, con los ojos llenos de lágrimas, abrazó a Eloise con cariño. — Mereces este amor, querida. Y tú, Augusto —dijo, mirándolo—, cuida bien la joya que la vida te ha dado. Carlos, por su parte, estaba visiblemente emocionado. — No soy hombre de discur
Última actualización : 2026-09-24 Leer más