Pasé tres días enteros encargándome del funeral de Lilian. Vino mucha gente, pero Fred actuó como si no supiera nada.No apareció ni una sola vez; ni siquiera llamó. Y mucho menos se quedó a mi lado para acompañarme o consolarme.Entonces recordé aquella vez en que, después de dos semanas seguidas cerrando negocios y trabajando hasta el límite, terminé hospitalizada por agotamiento.Él estaba desesperado, con la frente empapada de sudor, sujetándome la mano mientras decía:—Hannah, me has dado un susto de muerte. No sigas exigiéndote así. Lo del dinero déjamelo a mí, pero tú tienes que cuidarte.Y, sin embargo, ese mismo hombre que parecía amarme tanto fue capaz de entregarle a Rea el fruto de todos mis esfuerzos.Saqué el celular para llamar a Fred, pero antes vi una nueva publicación de Rea:"La joya estrella de la subasta de hoy. Fred dijo que solo yo merecía lucirla".La foto mostraba un collar de diamantes rosas valorado en treinta millones de dólares.Así que, durante esos días,
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