Victoria le lanzó a Daniel una última mirada gélida.Tomó a Hugo del brazo y se dio la vuelta para entrar, cerrando la puerta tras de sí y dejando a Daniel fuera.Daniel se quedó tieso donde estaba. La rabia y la impotencia le golpeaban el pecho con furia.¿Por qué?Era su legítimo esposo, y lo trataban como a un extraño, dejándolo fuera.En cambio, Hugo entraba como si nada.A pesar de tener el pecho ardiendo de impotencia, cuando Rocío lo llamó, la siguió con obediencia.—Sra. Rocío, mi suegra.Bajó la cabeza y la llamó en voz baja.Rocío lo miró sin un ápice de calidez en los ojos. Solo desprecio.No lo invitó a pasar. Se quedó en el escalón, examinando a quien pronto sería su ex yerno.—No me llames así, me da asco oírlo.Daniel se quedó helado. Levantó la cabeza y la miró incrédulo.—Señora, de verdad no quiero perder a Victoria, no quiero perder a mi hija.—¿Que no quieres perderlas?Rocío soltó una risa burlona:—Daniel, tu manera de no querer perderlas es empujarla al borde
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