Boris sabía que había algo mal antes incluso de llegar a la dirección. El lugar era demasiado aislado: una construcción antigua, alejada de las carreteras principales, rodeada de árboles cubiertos de nieve y de un silencio que parecía artificial, como si el propio entorno estuviera conteniendo la respiración.No había movimiento en las cercanías, ningún coche pasando, ninguna luz en las casas vecinas. Pero había olor: Lycans, muchos, esparcidos por el terreno.Boris bajó del coche lentamente, cerrando la puerta detrás de sí con un chasquido seco. No necesitaba preguntar quién estaba allí; su instinto ya había respondido. Caminó unos metros, manteniendo los ojos atentos a su alrededor, cada sentido en alerta.No había llevado a nadie consigo; el mensaje había sido lo bastante claro como para que entendiera que cualquier intento de aparecer acompañado podría poner a Mikhail en peligro. O al menos eso era lo que creía, hasta sentir una presencia distinta, más fuerte, más antigua, más aco
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