El jardín de la mansión Rurik finalmente volvía a parecer un jardín. Después de semanas de tensión, médicos entrando y saliendo, llamadas urgentes, investigaciones y reuniones que terminaban siempre con más preguntas que respuestas, el silencio de aquella mañana tenía un sabor diferente.No era paz; era solo un raro momento en que nadie estaba corriendo a impedir una tragedia.Susan observaba a Demyan jugar cerca del lago artificial, completamente concentrado en convencer a una ramita de convertirse en un barco. El niño empujaba el trozo de madera por el agua poco profunda con la punta de los dedos, emitiendo sonidos de motor con la boca, ajeno al mundo adulto y sus complejidades.Carla reía bajito, sentada en un banco de madera bajo la sombra de un árbol. Todavía se recuperaba, las ojeras persistían, pero ya lograba caminar sin que Alexei prácticamente la llevara en brazos, lo que, para él, era una victoria personal.El cuñado, por cierto, había vuelto finalmente a su propia rutina.
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