El lunes amaneció sobre Long Island con un cielo plomizo y una neblina espesa que borraba los contornos de los pinos en el horizonte. En la suite matrimonial, el silencio era absoluto, roto únicamente por el suave murmullo de la brisa matutina contra los cristales.Eileen continuaba dormida, profundamente sumida en el descanso que la medicación y el suero le habían devuelto. Su rostro, que el día anterior lucía encendido por el fuego de la fiebre, había recuperado su tono rosado y sereno. La respiración de la joven era pausada, continua, y el calor que emanaba de su piel bajo las sábanas de lino ya no guardaba el rastro abrasador de la pyrexia.Al lado del lecho, Edward no se había movido en toda la noche.Sentado en el gran sillón de orejas de cuero negro, con el torso cubierto apenas por una camiseta gris de algodón y unos pantalones de estar por casa, el multimillonario la observaba con la devoción fija de un centinela que teme pestañear. Sus ojos grises, enmarcados por sombras osc
Last Updated : 2026-10-07 Read more