A las cuatro de la madrugada del viernes, la sala de control del piso cincuenta y cuatro de la Torre Knight en Wall Street parecía el centro de operaciones de un estado en guerra.El humo del café amargo se mezclaba con la humedad del ambiente. En los ventanales de cristal, las gotas de lluvia continuaban resbalando en regueros lentos, refractando las luces rojas y azules de los servidores que parpadeaban en las paredes. Doce analistas de ciberseguridad, tres antiguos mandos de inteligencia naval y los ejecutivos de la firma trabajaban sin descanso frente a mapas digitales de los cinco distritos de Nueva York.En el centro de la estancia, de pie ante la enorme mesa de cristal, Edward Knight era la viva imagen de la ruina y la obsesión.Llevaba más de cuarenta horas sin pegar ojo. Su rostro, surcado por venas oscuras en las cuencas de los ojos grises, lucía una palidez cadavérica que contrastaba con la firmeza salvaje de sus facciones. El cabello negro, desordenado, le caía sobre la fr
آخر تحديث : 2026-10-22 اقرأ المزيد