El frío de la mañana en Nueva York parecía haberse filtrado hasta la médula ósea de Eileen. Frente al espejo del vestidor, observó su figura por última vez antes de salir de la suite. Las palabras de Edward retumbaban en su mente como un eco constante y cruel, un látigo implacable que le desollaba la autoestima: «Mira tus curvas, Eileen... No eres mi tipo. Nunca lo has sido y nunca lo serás».Para protegerse, eligió un vestido de corte recto en color azul marino, de tela pesada y sobria, con mangas tres cuartos y un cuello cerrado que no dejaba nada a la vista. No intentó marcar su cintura ni resaltar la plenitud de su busto. Se aplicó una capa ligera de maquillaje para disimular la palidez de su rostro y la sombra de las lágrimas, recogió su cabello castaño en una trenza pulida y firme, y tomó su maletín.Cuando descendió las escaleras de la mansión, Edward la esperaba en el recibidor, vistiendo un traje impecable color carbón. Sus ojos grises la buscaron al instante, intentando desc
آخر تحديث : 2026-09-16 اقرأ المزيد