—Sé bien que no tuviste la culpa —digo, con la voz ronca, cerca de su oído, sintiendo su respiración agitada—. Pero escucha bien: no soy ningún payaso ni ningún idiota. Te dejé libre un día y mira lo que pasó. Así que tienes prohibido salir con esas dos zorras. Si quieres, que vengan aquí. Todo bien. Pero salir, no me da la gana. Si me desobedeces, Stella, te voy a moler a palos. ¿Estamos entendidos? —Sí, entendí —responde, con voz temblorosa, su cuerpo tenso contra el mío. —Si me engañas, te mato —digo, con voz fría, sintiendo cada palabra como una promesa. —No te voy a engañar. Para con eso —dice, con la voz entrecortada, lágrimas mezclándose con el agua de la ducha. —Mírame —ordeno, mi voz resonando en el baño. Obedece, sus ojos encontrándose con los míos, llenos de miedo y amor—. ¿Me amas? —Claro que te amo —responde, con voz firme, sin dudar. La estampo contra la pared, sintiendo su cuerpo mojado contra el mío, la piel suave y caliente, y le doy un beso. Un beso profundo,
Última atualização : 2026-07-16 Ler mais