Intenta retroceder, pero la inmovilizo y la mantengo así un momento, sintiendo su lucha, antes de soltarla. Busca aire, jadeante, y empiezo a sonreír. Me levanto y le ordeno que se acueste en la cama. Obedece. Le ato las dos piernas hacia arriba en la estructura, y también las manos, dejándola completamente expuesta. Me quedo mirando su coñito. Qué coñito tan perfecto. Lindo, carnoso, todito mío. Siento crecer el deseo. —Tienes prohibido correrte, perra —ordeno con voz firme, disfrutando el poder de la prohibición. Le pongo las pinzas en los pezones. Hace un gesto de dolor, pero no dice nada, manteniendo los ojos fijos en mí. Entonces, me lanzo de boca a su coñito rosado. Lo chupo, lo muerdo, lo lamo, le meto los dedos. La siento empapada, oigo sus gemidos ahogados. Le lamo el culo y gime más fuerte, arqueando el cuerpo. Durante unos minutos me deleito con ella, totalmente entregada. Pero no está allí solo para sentir placer. Le ordené que no se corriera y me desobedeció. Sient
Última atualização : 2026-07-16 Ler mais