Mariana dijo con voz coqueta:—Papacito, qué rico se siente que me toques aquí, déjame que yo también te toque.Apenas terminó de hablar, deslizó una mano dentro de mi pantalón. Cuando me apretó, se me encendió la sangre. Tenía la palma muy tierna, el tacto suave, húmedo y delicado.¡Y encima, con la yema del dedo índice, me rozaba la parte más sensible!Sentí un escalofrío eléctrico por la espalda. ¿Cómo iba a contenerme ante semejante situación? Se me paró al instante. Mariana exclamó, sorprendida:—¡Guau, los hombres son increíbles, hasta se hace más grande!Esta niña tonta, seguramente nunca había tenido novio, y mucho menos había tocado a un hombre. De solo pensar que estaba tocando a una primeriza, me emocioné todavía más por dentro. Estiré el dedo medio para metérselo. Apenas hice un poco de fuerza, Mariana empezó a jadear.Sentí que ni siquiera un dedo le entraba, estaba demasiado apretada. A Mariana le encantaba esa sensación, incluso se apretaba contra mi dedo empujando ella
Read more