Mateo la besó con una intensidad que la dejó sin aliento. Sus manos recorrían su espalda, su cintura, sus caderas, atrayéndola más hacia él. La oficina estaba en silencio, solo roto por el sonido de sus respiraciones entrecortadas y el susurro de la tela contra la tela. Cada vez que Mateo la tenía así, Victoria se dejaba llevar, siempre perdía el control. Y esa vez, iba a ser la excepción.Se separó del beso con un movimiento brusco, y lo empujó contra el sofá. Mateo cayó sentado, sorprendido, con los ojos abiertos de par en par. Victoria lo miró desde arriba, con una sonrisa que era pura malicia. Sus ojos color miel brillaban con una intensidad que helaba la sangre. Y su cuerpo, aún vestido con el traje de chaqueta y pantalón, se movía con una gracia que lo dejaba sin aliento.—Hoy mando yo —dijo, con voz firme. No era una pregunta. Era una orden.Mateo abrió la boca para responder, pero Victoria no lo dejó hablar. Se subió sobre él, con las piernas a cada lado de sus caderas, y lo m
Última actualización : 2026-10-11 Leer más