Mateo se puso de pie lentamente. La sala de juntas estaba en silencio, todos los directivos aún sentados, con los rostros pálidos y las carpetas de sus secretos esparcidas sobre la mesa de caoba. Mateo miró a Victoria, que seguía de pie frente a su padre, con la barbilla en alto y la mirada encendida.—Eso es todo por hoy señores, querían a mi esposa, pues allí la tienen. —dijo Mateo, con voz firme y clara, lo suficientemente alto para que todos en la sala lo escucharan—. Es una mujer fuerte y admirable, la apoyaré en todo. Victoria lo miró, y por un momento, sus ojos color miel se suavizaron. Solo un momento. Un instante. Luego, volvieron a ser los mismos ojos fríos y calculadores de siempre. Pero en ese instante, Mateo supo que sus palabras habían llegado a ella. Que habían tocado algo profundo. Algo real.Victoria asintió, y luego se giró hacia la puerta. Caminó con la espalda recta, la barbilla en alto, y una sonrisa que era puro triunfo. Sus tacones resonaban en el suelo de márm
Última actualización : 2026-10-08 Leer más